Marcos Antonio Santoyo

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El fútbol como se sabe, es una empresa privada, los equipos que participan en este deporte tienen dueño y estos buscan ganancias como todo empresario, es decir, es un deporte lucrativo. De los ingresos obtenidos, el súper aficionado y menos el simple y mortal ciudadano reciben algún beneficio, todo se lo llevan los dueños, promotores, entrenadores, jugadores y demás personas que participan en este popular deporte.

 

El mundial de fútbol es la gran empresa y negocio de algunos, en este tipo de eventos, el gobierno invierte en infraestructura millones de dólares provenientes de los impuestos de los contribuyentes, los cuales en ningún momento son recuperados, provocando con esto, un endeudamiento por muchos años. Como se observa, lejos de dejar ganancias o beneficios para el país en donde se lleva a cabo este espectáculo deportivo, provoca inconformidad y rechazo de la sociedad, porque éstos saben que sólo les dejará más miseria. Los únicos que se divierten y disfrutan son los extranjeros que acuden a estos eventos mundialistas, que dejan por cierto, muchos millones de dólares que los disfrutan sólo algunos cuantos.

 

La Copa del Mundo de fútbol que se está llevando a cabo en Brasil es considerada de las más caras en la historia de este deporte, los 15 mil millones de dólares que costó la remodelación de algunos estadios y el equipamiento urbano así lo indica. Los brasileños consideran que este dinero lo pudo utilizar el gobierno de la señora Dilma Rousseff en el desarrollo social de este país; educación, salud y sobre todo, en erradicar un poco la pobreza de los cariocas.

 

Las manifestaciones que observamos en Brasil antes del inicio de este evento deportivo, fue a causa de lo que consideran los brasileños es un despilfarro económico, ante las grandes carencias que tiene este país Sudamericano. Algo que al gobierno de Rousseff no le importó, le interesó quedar bien con los grandes inversionistas que privilegiar a sus compatriotas más vulnerables, o sea, a la clase menesterosa.

 

Este país tuvo una época de desarrollo muy importante, de hecho, logró ser una de las mejores economías de América Latina, todo indicaba que se perfilaba a salir del subdesarrollo, pero no fue así, las finanzas volvieron a caer, y el desempleo, así como la pobreza se incrementó nuevamente. Considero que el gobierno brasileño, pensó que organizando este Torneo Mundialista lograría regresar a esa época de bonanza económica, pero lo que está generando es un endeudamiento y un rechazo social de la ciudadanía que representa.

 

Independientemente de qué país gane este torneo futbolístico, es evidente que el gran perdedor será, porque así lo manifiesta, el pueblo brasileño. O como diría mi abuela, al pueblo pan y circo, el problema es que en Brasil sólo hay circo ¿No lo creen?

 

 

 

 

Marcos Antonio Santoyo Bernal

 

Columnistas

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