Marcos Santoyo

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En las últimas décadas se ha originado la falta de práctica de los valores universales como lo son: el respeto, la tolerancia, la honestidad, entre otros, lo que ha propiciado una falta de respeto hacia los demás, incluyendo a las personas de la tercera edad, pero lo más grave que se ha extendido hacia los propios padres de familia. Como todos sabemos, en lo general los padres dan todo por los hijos, en respuesta, éstos reciben por muchos el rechazo y el abandono, olvidándose lo que éstos hicieron por ellos.

 

Recordemos que en algún tiempo el papá era el que proporcionaba los recursos económicos para el sostenimiento de la familia, a partir de un par de décadas la mamá también se ha incorporado a esta responsabilidad, lo que ha provocado que exista un cierto descuido hacia los hijos. Lo que no han entendido o no han querido entender, es que los padres trabajan para brindarles una mejor condición de vida y además se preocupan por las actividades propias del hogar, como lo son: la comida, el aseo, etcétera, además de la disciplina y educación de los hijos, que por cierto no es tarea fácil.

 

Ante este escenario los hijos no responden con acciones positivas, es decir, la mayoría no coadyuva en las responsabilidades que tiene una familia, sólo quieren la diversión y el libertinaje, y por supuesto, que los mantengan y les cumplan todos sus gustos y caprichos. Parte de ello, es porque los papás no han querido exigirles obligaciones por temor a que los rechacen y reprochen en algún momento de la vida.

 

Los hijos consideran que su única obligación es “estudiar” para ser profesionistas y contar con un trabajo bien remunerado que les permita tener una vida propia y mejor que la de sus padres, sin retribuirles absolutamente nada a éstos. Pero eso sí, los papás les deben de comprar todo lo que requieren para estudiar, desde la etapa de preescolar hasta que se reciban de alguna carrera profesional o posgrado, y en el peor de los casos, todavía los siguen manteniendo aún ya casados, o sea, ya no es sólo una carga económica sino dos o más.

 

Para los hijos nada de esto cuenta, el gasto que realizan los padres, las desveladas, las preocupaciones, las enfermedades y un sinfín de acciones que llevan a cabo los progenitores a favor de sus vástagos ya no valen para éstos. Se convierten en individualistas, sólo ven por sus intereses, para ellos los padres prácticamente no existen, al contrario, los ven como un estorbo o carga dejándolos en el abandono total.

 

Cuando se casan consideran que su única familia es la esposa(o) y sus hijos, pero cuando necesitan de algún apoyo entonces si buscan a “su familia”, llámense padres, tíos, etcétera. Mientras no suceda eso, las personas que lo apoyaron en todo momento, que lo formaron y fueron solidarios con ellos no existen.

 

Cuantos padres son abandonados por los hijos en plena enfermedad, retirándoles todo tipo de apoyo, cuando en realidad la mayoría de los papás sólo piden solidaridad moral. O en el peor de los casos, cuantas personas de la tercera edad viven en asilos o casa hogar abandonados por los hijos sin el menor remordimiento, ahí los dejan como objetos que ya no le sirven y por lo tanto se olvidan de ellos.

 

Esa es la triste realidad que viven la mayoría de los progenitores, hijos que con el mínimo pretexto abandonan la responsabilidad que tienen hacía con ellos, olvidándose que fueron éstos los que los enseñaron a caminar, a hablar, a comer, que estuvieron pendiente de sus enfermedades, de sus problemas de todo tipo y sobre todo, que nunca los abandonaron. Pero esa parte a la mayoría de los hijos se les olvida lamentablemente, considero que esto se debe a la falta de práctica de los valores universales que les enseñaron sus padres. Pero seguramente el actuar que tienen en contra de aquellos que les dieron la vida, lo tendrán también ellos de sus hijos en su momento, porque recordemos que en esta vida todo se regresa. O como diría mi abuela, cría cuervos y te sacarán los ojos ¿No lo creen?

 

P.D. A todos aquellos hijos que respetan, cuidan y se preocupan por sus padres y adultos mayores mi mayor reconocimiento.

 

Este 28 de agosto, feliz día del adulto mayor

 

Marcos Antonio Santoyo Bernal   

 

 

 

 

 

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